Nadie nos entiende. A veces estamos por estornudar y hacemos lo imposible por evitarlo y cuando no logramos concretarlo nos empecinamos en seguir intentándolo. Es que el estornudo, cuando queda a mitad de camino, nos deja ensayados. Compartimos contigo todo lo que descubrimos investigando este reflejo tan necesario.

Partamos de lo básico, ¿qué es? Un estornudo es un acto reflejo convulsivo de expulsión de aire desde los pulmones a través de la nariz por la boca. Comúnmente es provocado por partículas extrañas que causan irritación de la mucosa nasal.

Y como cada parte de nuestro cuerpo, los estornudos también tienen “cosas que nadie sabe“:
Viajan hasta 160 kilómetros por hora.

Los gérmenes provenientes de un estornudo pueden alcanzar un radio mayor a 9 metros, distancia suficiente para contaminar al que tienes al lado.

Nuestra nariz recarga energía tras la fuerza que desencadena la presión de un estornudo, de esta forma las partículas contaminadas pueden ser detectadas y desechadas.

Las alergias, la pimienta y los resfriados no son los únicos que los provocan. Un 25% de la gente estornuda repetidamente cuando se expone repentinamente a una luz brillante.

Padecen el síndrome ”Achoo“, y es hereditario.

Es bastante normal que estornudemos dos o tres veces de forma continua; se necesita más de un intento para eliminar las partículas irritantes.

Nuestros ojos se cierran al estornudar por un reflejo involuntario; no hay mucho que se pueda hacer en el intento por mantenerlos abiertos.

El corazón no se detiene cuando estornudamos, lo que puede suceder es que la frecuencia cardíaca disminuya de forma natural, pero solo un poco.

Se pueden calmar las ganas de estornudar: uno de los trucos —aunque nada recomendados- es frotar tu nariz mientras presionas tu labio superior.

Evitarlos es contraproducente, ya que forman parte natural de las reacciones de nuestro cuerpo, principalmente de las defensas.

La costumbre de decir “Jesús” o ”salud“ se remonta al siglo VI. Al parecer el Papa Gregorio Magno ordenó decir ”Que Dios te bendiga” a aquellos que estornudaran, con motivo de una epidemia de peste, como deseo para que no les atacase la mortal enfermedad. Abreviado, el “Jesús” actual.

Ahora, revelamos el misterio… todos hemos vivido la espantosa sensación de quedarnos con el estornudo a medias. Distracciones tales como que nos hablen, nos miren o incluso dirigir la vista hacia otro lugar, hacen que las ganas se desvanezcan y quedemos con una expresión en el rostro nada agradable.

La ciencia no ha resuelto una única teoría al respecto. Pero se piensa que, como el estornudo es un reflejo que de cierta forma podemos controlar, ante una distracción se altera la respiración provocando que el estornudo no se concrete.

Por suerte podemos conseguir traerlo de regreso fijando la mirada en una fuente de luz brillante, como una lámpara o la luz del sol.

Fuente del material Erika Tipo Web, Abc

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